Emily Elizabeth Dickinson

Poeta. Amherst, Massachusetts (EE.UU) 10 de diciembre de 1830 – Amherst, Massachusetts (EE.UU) 15 de mayo de 1886.

 

Emily Dickinson procedía de una familia de prestigio y poseía fuertes lazos con su comunidad, aunque vivió gran parte de su vida recluida en su casa. Sus vecinos la consideraban excéntrica; tenía predilección por vestir siempre ropa blanca, era conocida por negarse a saludar a los invitados y en los últimos años de su vida, por ni siquiera querer salir de su habitación. Dickinson nunca se casó, ​ y la mayoría de las amistades las mantuvo por correspondencia.

Aunque era una prolífica poeta, mientras estaba viva, no llegó a publicar ni una docena de sus casi 1800 poemas. ​ Se vio obligada a adaptar sus poemas a las reglas y convenciones poéticas de la época, aunque sus poemas son únicos en comparación con los de sus contemporáneos: contienen líneas cortas, por lo general carecen de título, contienen rimas consonantes imperfectas y una puntuación poco convencional.​ Muchos de sus poemas se centran en temas relacionados con la muerte y la inmortalidad, dos temas también recurrentes en las cartas que enviaba a sus amigos.

No fue hasta después de su muerte, en 1886, cuando Lavinia, la hermana pequeña de Dickinson, descubrió los poemas que Emily guardaba y se logró hacer evidente la amplitud de su obra. A pesar de que tuvo una crítica y recepción desfavorable y escéptica entre finales del siglo XIX y principios del XX, Emily Dickinson está considerada de forma casi universal como una de las más importantes poetas estadounidenses de todos los tiempos.

«Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie» fue una frase dicha por Dickinson. Para ella, ponerse en pie significaba decir que no y también que si oportunamente, establecer límites claros, comentar las opiniones con fundamento y coherencia, sostener las decisiones frente a la mirada adversa de otros. También escuchar sin poner en duda hasta no saber lo suficiente, ayudar desde las propias posibilidades, asumir los compromisos que se está dispuesto a cumplir. La verdadera estatura, como propone Emily Dickinson, aparece cuando se busca el lugar que se quiere tener, se pelea por lo que se elige, se trabaja el protagonismo adecuado.

«Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie»

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