Casi medio millar de espectadores disfrutaron de la llamativa actuación de «El violinista rebelde», el sábado en la Plaza del Pueblo

Se rozó el lleno, con cerca de 500 espectadores en el recinto de conciertos habilitado en la Plaza del Pueblo, para la actuación de STRAD El Violinista Rebelde y su espectáculo «Mundos opuestos», este sábado noche en Cabanillas del Campo.

La actuación entusiasmó al público presente, que no paró de aplaudir y bailar desde la silla las interpretaciones de un grupo de «violín-rock», en un espectáculo muy vistoso y colorido.

Cinco músicos sobre el escenario. Al frente, el virtuoso violinista Jorge Guillén, un colaborador y alumno de Ara Malikian (cuya influencia y formas de hacer están muy presentes en su música). Le acompañan la bajista Tania Bernáez (que alternaba el uso del contrabajo con el bajo eléctrico), el guitarra eléctrica Joaquín Alguacil, el alcarreño David García -ex profesor de piano en la Escuela de Música de Cabanillas- a los teclados, y la batería de Vicente Hervás.

Todos consiguen un sonido muy contundente y pulido (una vez más impecable el trabajo de producción técnica en esta localización), para un espectáculo que básicamente consiste en utilizar grandes temas muy populares de lo más variado: música clásica, pop, rock,copla, flamenco o canción popular. Y versionarlo de modo instrumental para el protagonismo del violín como solista.

Así, en el escenario se sucedieron mezclas a priori extrañas, pero luego resultonas, como el ir desde el «My Way» de Sinatra al «Don’t stop me now» de Queen, pasando por «Como una ola» de Rocío Jurado o la «Marcha Turca» de Mozart, todo ello salpicado de algunos temas propios de la banda.

El conjunto es un espectáculo en constante crecimiento de intensidad musical, muy cercano al público por la popularidad de las piezas, y de gran calidad por el virtuosismo de los intérpretes. La escenografía llamativa (ropajes a medio camino entre el medievo y el rock gótico) y una iluminación brillante (al frente de la cual está un músico y técnico cabanillero, Diego Tarango) terminan de rematar un espectáculo que se alargó durante más de hora y media de duración, y en el que también destaca la simpatía y humor del propio Strad, que hace varias interrupciones para introducir los temas con lo que parecen casi monólogos de «stand up comedy», cargados de anécdotas y humor.

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