La actriz y narradora de Cabanillas volvió a representar en su municipio la obra «¡Cállate, niña!»
El salón de actos de la Casa de la Cultura acogió este domingo 15 de marzo la última de la decena de actividades que se han venido desarrollando en esta primera quincena del mes entorno a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer 2026 en Cabanillas del Campo. Se trataba de la representación teatral «¡Cállate, niña!», una un monólogo dramático escrito por Juan Berzal (de Ultramarinos de Lucas) e interpretado en escena por la actriz cabanillera Luisa Borreguero, quien retoma una pieza con la que ya destacó en su estreno hace cuatro años. Se trata de un retrato crudo y emotivo de la vida de muchas mujeres en la España rural del siglo XX.
A la representación teatral acudieron, en nombre del Ayuntamiento, los dos concejales del área de Igualdad, Abigail Cordero y Javier Inés, acompañados del primer teniente de alcalde y edil de Cultura, Luis Blanco, quienes pudieron saludar y felicitar a la intérprete cabanillera por la brillantez, una vez más, de este monólogo teatral.
La obra narra la historia de una mujer nacida a comienzos del siglo pasado que sufre abusos, humillaciones y silencio impuesto desde la infancia, primero en su familia y después en su vida adulta. A través de la voz de Luisa Borreguero, única presencia en escena, se reconstruye un mundo marcado por la desigualdad, la violencia de género y la represión social, donde a las niñas se les enseñaba a obedecer y callar. Con el paso del tiempo, el personaje logra alfabetizarse y encontrar en la educación una vía de liberación. El relato culmina cuando, ya en la posguerra franquista, se convierte en maestra e intenta salvar a otras niñas del mismo destino, transmitiéndoles cultura y espíritu crítico.
La puesta en escena es sobria y directa, sin decorado ni artificios, y se apoya exclusivamente en la declamación e interpretación de la actriz, que intensifica la conexión emocional con el público, hasta completar un monólogo desgarrador y profundamente humano, que funciona como denuncia histórica y social, pero también como un «grito de dignidad» y esperanza, invitando invita a reflexionar sobre el silencio impuesto a las mujeres durante generaciones y sobre la importancia de la educación como herramienta de emancipación.