La líder de «Tahúres Zurdos» ofreció un memorable concierto en la Casa de la Cultura, que rozó el lleno
Con el patio de butacas rozando el lleno se celebró en la tarde-noche de este viernes 24 de abril la cuarta entrega de las «VI Noches Acústicas de Cabanillas», el ciclo de conciertos de música independiente que organiza el Ayuntamiento de Cabanillas del Campo, y que en esta ocasión tenía como cabeza de cartel a todo un icono del rock español de los 80 y los 90 como es Aurora Beltrán (Pamplona, 1964). La solista de «Tahúres Zurdos» demostró en Cabanillas unas tablas y una capacidad escénica fuera de toda duda, para ofrecer una actuación memorable, forjada con los mínimos elementos imprescindibles: su preciosa voz, ya ligeramente rasgada por el paso del tiempo, pero potente y certera, y una guitarra acústica como único acompañamiento instrumental. Con ello la noche tuvo algo de ceremonia íntima, de confesión a media luz. La guitarra y el peso de toda una vida en esa voz bastaron en ese formato desnudo, sin red ni artificios, para que el silencio del público se volviera casi sagrado. Y así, el aforo pareció contener la respiración desde el primer acorde.
Abrió Aurora Beltrán su actuación con “Lujuria”, convertida aquí en un susurro áspero, más íntimo que incendiario. Su voz no ha perdido fuerza, pero la ha transformado en verdad. “Vida” y “Clases de baile” fueron tránsito y pulso, con esa manera suya de frasear que convierte lo cotidiano en una grieta emocional. En “Azul” se permitió una pausa casi contemplativa, mientras que “Afiladas palabras” recuperó el filo eléctrico de otros tiempos, trasladado ahora a una guitarra acústica que parecía latir con cada golpe.
Hubo momentos de especial intensidad en “El mecánico de almas” y “La niebla”, donde la penumbra de las letras encontró eco en una interpretación contenida y profundamente expresiva. “La tormenta” creció desde la calma hasta un clímax que, sin necesidad de banda, llenó la sala entera. Y “Horas”, quizá una de las más coreadas, demostró que el paso del tiempo solo ha afinado su capacidad de emocionar. No faltaron guiños a su pasado al frente de Tahúres Zurdos: “Él lo predijo” y “Silencio” sonaron como recuerdos vivos, resignificados desde la madurez. Incluso se permitió una inesperada versión de “Five Years”, teñida de melancolía, que encajó con naturalidad en el repertorio. “La caza” y “Una noche de amor” para cerrar el set principal con un aire casi confesional, como si cada palabra estuviera dirigida a alguien en concreto entre el público.
El bis fue un estallido de memoria compartida. “La noche es”, su versión de “Because the Night”, levantó a la sala, seguida por “Mañana” y la imprescindible “Tocaré”, convertidas en himnos coreados con devoción. Allí ya no había distancia entre artista y público: solo una emoción común, sostenida en el tiempo.
La ovación final fue larga, cálida, sincera. Aurora, visiblemente emocionada, recibió ese aplauso con los ojos húmedos, como quien comprende que, pese a los años, sigue habitando un lugar único en quienes la escuchan. Y quizá esa fue la verdadera esencia de la noche: comprobar que algunas voces no envejecen, solo se vuelven más humanas.
Híbridos seremos
Previamente abrió el escenario como telonero el grupo «Híbridos seremos», una formación de Guadalajara, de reciente creación, pero también marcada por la veteranía de sus componentes. La banda está compuesta por dos guitarras, bajista, teclista, saxofón, batería y una cantante, y presentó media docena de temas propios de letras muy poéticas y buena calidad instrumental. Canciones como «He vuelto a casa», «El día del sol», «Soy demasiado tuyo» o «Las tardes en tu casa» sirvieron de potente aperitivo antes de la aparición de Aurora Beltrán en el escenario.
Como siempre en estas Noches Acústicas, la velada la completó una exposición paralela que pudo verse en la casa de la cultura, con peculiares creaciones del artista alcarreño Pablo Suárez.
La próxima cita del ciclo, última de este año, será el próximo viernes 29 de mayo, con el dúo «Ombligo» (Anika Sobrino y Ángel Cáceres) como cabezas de cartel, teloneados por los cabanilleros «Emitaki y los Korremundos».