El cómico manchego abarrotó la Casa de la Cultura y ofreció una actuación desternillante que entusiasmó al público cabanillero
Con el cartel de «No hay billetes» colgado desde días atrás, el humorista manchego Agustín Durán regresó este sábado 31 de enero a Cabanillas del Campo (donde ya había actuado en el cierre de las Fiestas de 2022), y ofreció una magnífica y desternillante actuación en la Casa de la Cultura. Presentaba su espectáculo “20 años de tontás”, una celebración muy personal de dos décadas sobre los escenarios que, lejos de ser un simple recopilatorio nostálgico, se convierte en una fiesta de complicidad con el público.
Desde el primer minuto, Durán demostró por qué lleva 20 años manteniendo una carrera sólida en el difícil terreno del humor de cercanía: entra al escenario con la naturalidad de quien vuelve a casa, saluda con bromas locales que provocan las primeras carcajadas y, sin solución de continuidad, arranca con uno de sus clásicos más queridos. El formato del show es eminentemente dinámico: alterna monólogos puros con canciones propias (esas que ya forman parte del imaginario de sus seguidores), pequeñas improvisaciones y guiños constantes al público.
Lo más destacable de la velada fue precisamente esa capacidad para hacer sentir a la sala como una extensión de su pueblo natal, Picón, en Ciudad Real. Durán habla de la España rural sin caer en el costumbrismo facilón, sino utilizando su retranca manchega como arma afilada: personajes exagerados pero reconocibles, situaciones absurdas del día a día, un retrato tierno y mordaz de la familia, los vecinos y las contradicciones de la vida moderna en un entorno pequeño…
Frases como «yo no soy tonto, soy de pueblo», o sus reflexiones sobre la tecnología («mi madre todavía cree que WhatsApp es un electrodoméstico») caen con precisión quirúrgica y desatan risas continuas.
Musicalmente, el espectáculo gana muchos enteros. Agustín se acompaña del teclado en varios momentos y canta temas que ya son himnos en sus redes, con parodias hilarantes o canciones más sentidas que funcionan como respiro emocional antes de volver al ataque cómico. La mezcla de disciplinas (monólogo, canción, interacción) evita cualquier atisbo de monotonía durante los aproximadamente 90 minutos de función.
El público respondió con entusiasmo constante: aplausos, risas, coros improvisados en las canciones y una enorme ovación final.
«20 años de tontás» no es solo un repaso de éxitos; es una demostración de que el humor honesto, sin postureo ni pretensiones intelectuales, sigue siendo el que más conecta.