Excelente entrada en la Plaza del Pueblo para el tributo a Extremoduro
Cientos de personas vibran en la Plaza del Pueblo con el tributo a Extremoduro y Robe de la banda «So Payaso»
Hay artistas que trascienden al tiempo y a las generaciones, y canciones que, lejos de apagarse con los años, siguen encontrando nuevas gargantas que las canten y nuevos corazones en los que refugiarse. Eso fue precisamente lo que ocurrió este viernes 3 de julio en la Plaza del Pueblo de Cabanillas del Campo, donde centenares de personas se reunieron para disfrutar del concierto de «So Payaso», una de las bandas tributo más reconocidas al universo musical de «Extremoduro» y Robe Iniesta.
Dentro de la programación cultural del mes de julio del Ayuntamiento de Cabanillas del Campo, antesala de las próximas Fiestas, «So Payaso» ofreció cerca de dos horas de un intenso viaje por algunas de las canciones más emblemáticas del rock español. Y lo hizo ante una Plaza del Pueblo con muchísimo público, y con un ambiente magnífico, con la gente respondiendo entregada de principio a fin. Pocas imágenes resumen mejor la dimensión de la figura de Robe que la que dejó el concierto. Frente al escenario convivían chavales de apenas quince años con quienes ya peinan canas; veinteañeros, familias, cuarentones, cincuentones y sesentones, compartiendo las mismas letras, coreando los mismos estribillos, y levantando los brazos al unísono. Décadas separaban a unos de otros, pero apenas unos versos bastaban para borrar cualquier diferencia. El legado del músico placentino continúa creciendo con el paso del tiempo, y sigue siendo capaz de reunir a públicos de todas las edades bajo un mismo lenguaje.
Sobre el escenario, «So Payaso» demostró por qué está considerada como una de las bandas tributo más fieles al espíritu de Extremoduro. Integrada por cuatro músicos —batería, bajista, guitarrista y un frontman que combina la voz con la guitarra—, la formación reprodujo con enorme solvencia la esencia de aquellos conciertos en los que la poesía y la electricidad caminaban siempre de la mano. El cantante, veterano y de gran presencia escénica, sorprendió especialmente por un timbre de voz muy cercano al de Robe, un parecido que, sin caer nunca en la imitación exagerada, consiguió trasladar al público la sensación de estar reviviendo aquellas canciones en su estado más puro. A su lado, otro veterano de los escenarios, el batería, sostuvo con firmeza el concierto, mientras que el guitarrista y el bajista, más jóvenes, aportaban frescura y precisión, y un excelente trabajo instrumental. El resultado fue un sonido compacto, poderoso y muy cuidado durante toda la actuación.
El repertorio fue una auténtica celebración de una de las discografías más importantes del rock nacional. Sonaron clásicos imprescindibles como «Extrema y dura», «La vereda de la puerta de atrás», «Standby», «Jesucristo García», «A fuego», «Buscando una luna», «Si te vas…» o «So Payaso», el himno que da nombre a la banda y que volvió a convertirse en uno de los momentos más coreados de la noche.
Hubo también un espacio especialmente dedicado a la etapa en solitario de Robe, un bloque recibido con el mismo entusiasmo por un público que demostró conocer y sentir igualmente las composiciones nacidas tras la disolución de Extremoduro. Fue un momento diferente, más íntimo por momentos, que permitió recorrer esa otra faceta del compositor, donde la madurez musical se une a la misma intensidad poética que siempre caracterizó su obra.
Cuando parecía que la noche llegaba a su fin, el público reclamó una última entrega. La banda regresó al escenario para ofrecer un bis que terminó de desatar la euforia colectiva. «Puta», «Salir» y, como broche definitivo, «Ama y ensancha el alma» pusieron el cierre a una actuación que convirtió la Plaza del Pueblo en un inmenso coro al aire libre.
Y eso fue en el fondo lo que dejó la noche de este viernes en Cabanillas: la confirmación de que algunas canciones nunca envejecen. Cambian las generaciones, cambian los escenarios, cambian incluso quienes las interpretan. Pero mientras haya una guitarra dispuesta a hacerlas sonar y un público dispuesto a cantarlas, seguirán vivas. Como Robe Iniesta, ya inmortal.