La sala multiusos de la Biblioteca Municipal León Gil registró una gran entrada de público en la tarde de este miércoles 21 de octubre, para disfrutar del regreso del ciclo cultural «¡Menudo cuadro! Leer el Arte», que protagoniza la licenciada en Bellas Artes y docente del IES Ana Mª Matute Victoria Andradas.
Este ciclo ya se desarrolló con gran éxito en Cabanillas del Campo entre octubre de 2023 y diciembre de 2025, y tras unos meses de parón ha vuelto a la programación regular de la Biblioteca, con una primera charla centrada en comparar dos esculturas del Renacimiento: El David de Miguel Ángel y el David de Bernini, dos obras maestras sobre un mismo personaje, y dos maneras extraordinarias de contar una misma historia. El ciclo «Menudo cuadro» consiste en charlas mensuales de Andradas sobre las claves que encierran las grandes obras maestras de la Historia del Arte. Son charlas en las que se cuentan los motivos de la existencia de grandes cuadros, esculturas u obras arquitectónicas, y los porqués que se esconden tras ellas: contexto histórico, vida del autor, existencia o no de mecenas, significados, técnicas usadas, repercusiones socioculturales, políticas y religiosas provocadas por estas obras, etcétera.
De la mano de Vito Andradas, en esta primera cita del curso 2026-2027 el público disfrutó de más de una hora de sesión magistral, adentrándose en el relato bíblico de David y Goliat, descubriendo cómo se trabajaba la piedra en aquellos siglos, y conociendo las circunstancias históricas que hicieron posibles ambas creaciones. «Sobre todo, aprendimos a mirar, a observar el ceño fruncido, las manos venosas, los músculos en tensión, el sudor, la fuerza contenida y el movimiento que parece escapar del mármol. Cada detalle tenía algo que contarnos. Y Vito supo desvelárnoslo con una capacidad narrativa, una pasión y una claridad que mantuvieron al público absorto durante toda la sesión», explican desde la Biblioteca.
En la charla, Andradas también habló de la condición humana, de nuestras certezas, temores y la manera en que afrontamos aquello que nos parece imposible, como es doblegar a un gigante. Al finalizar, Vito invitó a mirar estas dos esculturas desde otra perspectiva con una reflexión que merece ser leída despacio:
«Hay historias que creemos conocer porque sabemos cómo terminan. David vence a Goliat, el pequeño derrota al gigante y la inteligencia triunfa sobre la fuerza. Pero quizá esa no sea toda la historia. Quizá lo verdaderamente humano no sea la victoria, sino ese instante anterior en el que alguien, frente a algo que lo supera, debe decidir qué hacer. Miguel Ángel nos muestra a un David que parece contener en sí mismo toda la fuerza necesaria para vencer. Su gigante parece no estar a su altura. Bernini, en cambio, nos presenta a un hombre que se retuerce, que se tensa, que se expone. No sabemos si vencerá. Solo sabemos que ha decidido actuar. Uno parece medir a su enemigo antes de enfrentarse a él; el otro ya está en lucha. La razón y la acción, la certeza y el riesgo, la serenidad de quien parece dominar su destino y la fragilidad de quien se arroja a él. Y, sin embargo, hay un personaje que ninguno de los dos artistas necesitó representar. Goliat no está en el mármol de Miguel Ángel ni en el espacio que ocupa el David de Bernini. Tal vez porque no hacía falta esculpirlo. Tal vez porque Goliat es aquello que cada uno de nosotros lleva dentro y que, a veces, se alza ante nosotros con una altura que parece insuperable. Puede ser el miedo, la pérdida, la soledad, una renuncia, una herida antigua o ese futuro que nos contempla desde el otro lado de nuestras certezas. Cada uno tiene el suyo. Y cada Goliat es distinto, aunque todos compartan esa capacidad de hacernos sentir pequeños. No siempre podemos elegir el tamaño del gigante que nos toca enfrentar. Tampoco sabemos si tendremos fuerza suficiente para vencerlo. Pero quizá sí podamos elegir cómo situarnos ante él: si nos detenemos a medir su altura, si buscamos la manera de comprenderlo, si esperamos el momento propicio o si, un día, reunimos el valor necesario para dar un paso hacia delante. Porque el heroísmo no siempre consiste en vencer. A veces consiste, sencillamente, en no permitir que el miedo decida por nosotros. Y quizá por eso Goliat no aparece en ninguna de estas esculturas. Porque no pertenece a la historia de David. Nos pertenece a nosotros. Y ahora, cuando volvamos a mirar a estos dos hombres, quizá podamos preguntarnos, en silencio, quién es nuestro Goliat. Qué forma tiene. Cuánto mide. Y qué estamos haciendo frente a él. Porque la historia de David y Goliat no termina cuando el gigante cae. Termina —o vuelve a empezar— cada vez que uno de nosotros se encuentra frente a aquello que cree imposible y debe decidir si retrocede, si espera o si se atreve a dar el primer paso».