Fachada del Ayuntamiento de Cabanillas

El edificio del Ayuntamiento cumplió este domingo 20 años desde su inauguración

Este domingo se han cumplido 20 años de la fecha de inauguración del actual edificio del Ayuntamiento de Cabanillas del Campo. Aquel acto de estreno, muy esperado por la corporación municipal, se celebró el 26 de julio de 2006, coincidiendo con las Fiestas de aquel verano. Era miércoles, y fue la política alcarreña Magdalena Valerio, quien entonces era consejera del Gobierno regional, la encargada de descorrer la placa que recuerda la efeméride, y que se encuentra en la zona de entrada del edificio, entre las dos puertas de cristal, a mano izquierda. En aquel tiempo era alcalde de Cabanillas Jesús Miguel, quien llevaba tres años al frente del Consistorio. Había cogido en 2003 el relevo de su antecesor, Ramiro Almendros, que fue el edil que primero planteó la necesidad de construir un nuevo edificio consistorial, y con quien se trazaron los primeros pasos. Miguel fue por su parte el alcalde que gestionó la construcción, con toda la obra, y el encargado de su ejecución, de la mano del arquitecto responsable: Germán Hierro.

Que iba a ser necesario construir un nuevo edificio consistorial para Cabanillas del Campo comenzó a verse de modo muy claro a finales de los años 90. El crecimiento urbanístico y demográfico del municipio iniciado a comienzos de aquella década había empezado a tomar velocidad de crucero a partir de 1996, y las viejas instalaciones del edificio consistorial de la plaza de la Villa (hoy, plaza Alguacil Julio Biosca) estaban cada vez más constreñidas. “El viejo ayuntamiento era realmente muy pequeño, y se necesitaba un espacio mayor. Ramiro y yo empezamos a barajar soluciones. Hubo algún grupo municipal que apostaba por ampliar el viejo edificio, pero hubiera sido un error. Era necesario buscar otra solución”, recuerda el arquitecto responsable de aquel proyecto, Germán Hierro, en una percepción que también corrobora el ex alcalde Jesús Miguel, quien era concejal del Equipo de Gobierno cuando empezaron las primeras gestiones: “Había dos opciones sobre la mesa. Una era comprar todos los inmuebles que hay alrededor del antiguo Ayuntamiento, para proceder a la ampliación. La otra, buscar otro emplazamiento. La primera tenía la ventaja de mantener el consistorio en el casco antiguo, y donde había estado históricamente, pero los inconvenientes de accesibilidad y aparcamiento eran muy grandes. Hubo debate, y discrepancias, pero creo que al final acertamos”, señala por su parte el ex primer edil.

Descartada la ampliación del viejo edificio, los ojos pronto se fijaron en la parcela donde ahora está el actual. Se trataba de un enorme terreno que, entonces, parecía estar “a las afueras” de la localidad, pero que pronto se convirtió en el centro del pueblo, dada la expansión residencial que se estaba produciendo. “Era un lugar topográficamente muy adecuado, y una solución ideal”, destaca Hierro. Sin embargo, no era un suelo propiedad municipal, sino de una familia de la localidad, con la que se negoció una permuta, a cambio de terrenos que sí eran públicos. Se llegó al acuerdo, la parcela pasó a ser pública dotacional, y con el suelo ya disponible, se redactó el proyecto. Corría el año 2003.

Tanto el ex alcalde como el arquitecto destacan que la importancia de aquella obra no sólo fue la construcción del nuevo consistorio, sino que la clave de la operación era, sobre todo, la actuación urbanística a la que se ligó, con la construcción de la enorme plaza estancial que ha acabado por ser el centro neurálgico y de reunión de la localidad: “un lugar de centralidad”, como lo define Germán Hierro. Y lo cierto es que la gran plaza, al poco de estar terminada, se fue llenando de edificios, de comercios, servicios y bares, se convirtió en el centro de la vida económica del pueblo, y enseguida se demostró que era el lugar idóneo para celebrar decenas de eventos que congregan a la población. Ese sentido humanístico, el de buscar con la plaza un nuevo “ágora cabanillera”, estuvo de hecho muy presente cuando se decidió el nombre del lugar: “Plaza del Pueblo”, que hoy conserva, aunque la presencia del edificio consistorial hace que muchos vecinos y vecinas la conozcan como “del Ayuntamiento”.

Siguiendo con el desarrollo del proyecto, cabe recordar que, tras su redacción, las obras arrancaron finalmente en 2004, con una ceremonia de primera piedra a la que acudió la entonces consejera de Administraciones Públicas, Llanos Castellanos, y que se celebró el 28 de octubre de aquel año.

3’2 millones de euros
Fue una inversión importante, sin duda, pero asumible para un consistorio que entonces tenía un importante presupuesto anual, gracias a la pujante recaudación de tributos devenidos de las obras constantes que había en el municipio. El edificio costó, recuerda Hierro, 1’6 millones de euros. Y la urbanización de la plaza, casi otro millón. En total, 3’2 millones de euros, IVA incluido (del año 2006, serían casi 5 millones en la actualidad, calculando la inflación). “El edificio, de 2.500 metros cuadrados construidos, salió a 600 euros el metro cuadrado, que está muy bien de precio para las calidades que tiene, que son estupendas. La plaza la ejecutó la misma empresa, por 970.000 euros más IVA, para una superficie enorme: 10.400 metros cuadrados, de los que 3.000 eran las aceras y aparcamientos perimetrales, 3.400 metros las calzadas que la rodean, y 4.000 metros cuadrados la zona estancial. Yo creo que se invirtió muy bien, y que se hizo una correcta defensa de la economía del Ayuntamiento, con un buen contrato y una buena ejecución”, apunta el arquitecto. En este punto, Jesús Miguel recuerda que la inversión contó con una importante ayuda de la Junta de Comunidades, pues la Administración Regional aportó 270.000 euros, el 15% del costo del edificio, dentro de un programa que tenía la Consejería de Administraciones Públicas.

Las obras duraron apenas año y medio, y a comienzos de 2006 empezaban a verse los resultados, hasta el punto de que se consiguió llegar a las Fiestas con la ceremonia inaugural, a la que acudieron muchos vecinos y autoridades, y a la que siguieron unas “jornadas de puertas abiertas”, para que todo el pueblo pudiera conocer la nueva “casa de todos”. Nacía para Cabanillas un edificio en tres plantas sobre rasante, más un semisótano, en el que se localizan desde hace una década casi todos los servicios municipales.
En la entrada, la placa que recuerda la fecha de la inauguración reza así: “Este Ayuntamiento fue inaugurado por la consejera de Castilla-La Mancha Magdalena Valerio Cordero, siendo alcalde Jesús Miguel Pérez, y concejales: Félix Blanco Palero, Luis Miguel Fuentes Calleja, Mª Carmen Moreno Herranz, José Luis San Miguel Atance, Miguel Ángel Osorio Martínez, Manuel Nieves Garrido, Antonio Maldonado González, José Gustavo Doncel García, Pedro Fuentes Gismero, Mª Carmen Ezquerra Castillo, Joaquina Martín Blázquez y Julián Rodríguez Henche”. Veinte años después, el edificio sigue funcionando a pleno rendimiento, pero ninguno de aquellos ediles permanecen en la Corporación. Rodríguez Henche fue el último en salir de la misma, al comienzo de la legislatura 2015-2019.

A la vuelta de estas dos décadas, el edificio ha demostrado su versatilidad y buen diseño. Así lo asegura Jesús Miguel, quien defiende que “no era demasiado grande, como algunos planteaban, sino muy bien dimensionado para el volumen de trabajo que aquí se desarrolla”. De hecho, en este tiempo el edificio se ha demostrado como un inmueble moderno, cómodo, luminoso, muy espacioso en las zonas comunes, cálido en invierno y bien refrigerado en verano, y en el que destaca especialmente la presencia de luz cenital en las plantas superiores, gracias a su diseño con un gran espacio diáfano central.

Desde aquella inauguración, y hasta la fecha, muchas cosas han pasado en Cabanillas. El final de la bonanza constructiva, el estallido de la crisis, el reajuste presupuestario, la recuperación económica, la actual situación de nuevo crecimiento intensivo, y la alternancia política en el municipio y las administraciones regional y central. Y entre medias, tres alcaldes: Jesús Miguel (2003-2011), Jaime Celada (2011-2015) y desde 2015 y hasta la fecha, José García Salinas.

 

[Este reportaje es una actualización de un texto elaborado en el 10º aniversario del edificio, en el año 2016. Los testimonios de Jesús Miguel y Germán Hierro son de entonces]

 

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